lunes, 31 de octubre de 2016

LA ANSIEDAD Y OTROS MIEDOS...

En ocasiones, siento que mi cuerpo está sumergido un palmo bajo el agua.
Debajo de él, la oscuridad infinita, turbia. Remolinos y corrientes amenazantes.
Por encima, la superficie etérea, luminosa.
No me muevo. Me mantengo en la inmensidad con los ojos abiertos. Puedo respirar, pero aún así, noto presión en el pecho y me zumban los oídos.
Toda mi capacidad física queda dominada por esa sensación. Soy un cuerpo inerte a la deriva...
Me taladran pensamientos de desazón, incertidumbre y malos presagios.
No logro cerrar los ojos, aunque los noto doloridos, supongo que de agotamiento.
Voy y vengo en esta marea ansiosa que desea engullirme de un sólo bocado.
Me detengo a observar el poder de la mente sobre el cuerpo. Es curioso pensar en mí misma como en un muñeco acartonado y solitario.
Solía alimentarme de risas, canciones, conversaciones largas y gratas reuniones, casi siempre con un té o una buena comida.
Ahora, todo mi alimento son recuerdos, deseos y sueños.
¿Podré continuar con esta dinámica, esta "realidad inventada" para paliar el dolor que dejó la anterior?
¿Los buenos momentos pueden almacenarse también dentro de una caja de galletas danesas, para coger uno cada vez y saborear esa sensación de felicidad?

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