En ocasiones, los sueños son complejos, como las entramadas tuberías en las casas viejas. Otras, todo parece fluir nítidamente, preparado para ser disfrutado.
Llevo mucho tiempo soñando con algo y tengo miedo de que no se haga realidad. Hace mucho tiempo que intento subsistir en una realidad oscura, llena de penalidades y sin tiempo para la alegría. Es por esto que vivo más cerca de los sueños, en una casita con ventanas azules, desde las que se puede ver el mar y la montaña.
Me siento cómoda, libre, felíz. Así no tengo que pensar que estoy sola, ni que tengo ansiedad. Tampoco tengo que luchar contra la depresión. Sólo soñar...
Soñar con una vida tranquila, donde disfrutar sin temores ni angustias. Donde conocer gente nueva, que me haga volver a confiar, a sentir que vivir merece la pena. Soñar que trabajo y mi trabajo y dedicación son recompensados.
Llevo tanto tiempo soñando, que simplemente, no quiero despertar. Lo que veo al hacerlo no me gusta, hasta el punto de querer desaparecer.
No hay color en mi vida. Todo está teñido de gris. Y lo poco que logra brillar, yo misma lo oscurezco con mi tristeza.
Es duro, pero es la verdad. Y la verdad, a veces duele.
Ojalá algún día logre construir un hogar seguro dentro de mi persona, para no necesitar sentirme libre entre casas y sueños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario