No quiero dejar de creer en los sueños...
Son una buena razón para mirar hacia el futuro.
Debo encontrar mi camino de baldosas amarillas y ser feliz.
Aunque en ocasiones esas baldosas parezcan teñidas de un polvoriento color gris, no debo perder la esperanza.
La felicidad está más allá del color ceniza. Es la búsqueda del Sol.
Ese Sol que reside en las pequeñas cosas, los pequeños pasos que acompañan nuestra vida.
Rayos de luz que parecen no brillar, pero que están deseando ser vistos, valorados y compartidos.
Debemos aprender a disfrutarlos como si fueran los últimos.
El Mundo es demasiado bello como para detenernos sólo en las tempestades.
Ahora, más que nunca, siento que es el momento de asirme con fuerza a ese rayo de Sol, de esperanza y echar a volar...
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